La Entrega – Sintiéndome

Se levanta de la cama, va a la heladera, saca el pan que cocinó la noche anterior y lo deja descongelándose. Lo miro. No puedo dejar de mirarlo y a la vez me avergüenza. No quiero que me vea mirándolo. No quiero que se de cuenta que no puedo sacarle los ojos de encima.

Menos mal que las miradas no duelen, sino pobre pibe. ¿O sí? Hay miradas que se sienten. ¿Estaré mirando mucho?

Se da vuelta para volver a la cama.

Me hago la dormida.

Es un colgado así que muy probablemente ni me haya visto. Muy probablemente ni se enteró que tenía un ejército de Angies disparándole miradas

Intento relajar la respiración.

Antes de meterse en la cama, pone música. Empieza a sonar una canción que instantáneamente me lleva a una escena de película. La cabeza me da vueltas intentando (en un segundo) ubicar qué escena es. Y la encuentro…típica escena de la minita protagonista de la película entendiendo su vida. Tipo yendo en colectivo a una nueva ciudad, o sentada en la ventana de su edificio en la gran ciudad, viendo la lluvia y entendiendo que la vida está en otro lado. O que lo que hacía no era lo que quería, pero ahora entendió todo. Sí, esa escena.

Mientras la pienso e intento encontrarme a mí misma en ese momento, él se acuesta, pasa el brazo por debajo de mi cabeza y quedo sobre su pecho.

Todo está pasando muy rápido y mi cabeza no puede seguirle el ritmo a los sentimientos, ni al resto de mi cuerpo. Cada segundo que pasa intento entender o pensar qué hacer, pero situación tras situación, lo que siento va más rápido que cualquier conclusión lógica a la que intente llegar.

Para mi cerebro, sólo para mi racionalidad, está pasando todo muy rápido, porque en realidad, en esta realidad, en este instante…todo está pasando muy lento. O a la velocidad que tiene que pasar.

Se duerme.

Pongo mi mano derecha en su corazón, y mientras siento cómo los latidos se le regularizan… ZÁS

Ahí viene…

Angieeeeeee….ANGIEEEEEEEEEE –el cerebro se impone a todo sentimiento y me despierta–

ANGIE…preparate

¿Qué pasa? ¿Qué querés?

Ahí viene

¿Qué? Dejame en paz, qué tenés que estar p—

Ahí viene.

¿Qué?

Ahí viene ese momento de la felicidad extrema

Ay…no…no.

Sí boluda…te juro. Ahí viene uno de esos brotes de felicidad que tenés de vez en cuando, que sentís que si morís está todo bien porque, qué más feliz que esto podés ser…

ay no…no no…¿ahora?

YA

Entre sentirle el corazón, la música épica, el olor a pan casero horneándose, la posibilidad de poder quedarme en la cama porque es domingo, mirar a mi alrededor y acordarme que estoy en el culo del mundo, en una casilla en el medio del campo, en una situación tan íntima con alguien que acabo de conocer, que conozco nada y a la vez mucho

*redoble de tambores*

BOOOOOOOOOOOOOOOM

SHOCK DE FELICIDAD.

Se me llenan los ojos de lágrimas, la sonrisa se me escapa y si me muero ahora no me importa.

Ay, qué desesperación, quiero retener este segundo para siempre, quiero que estos minutos no se me escapen.

Pero así como vino, pasa.

Él se mueve, se despierta. Yo me seco las lágrimas a mil por hora y cuando me mira, ya no tengo rastros de haber sido la mina más feliz del mundo hace un instante. Me mira, lo miro con cara de nada, me sonríe, me dice “hola” y se levanta a hacer el desayuno.

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No quiero sonar egoísta pero esta felicidad es por mí, no por él. Esta felicidad es doble porque es una batalla que gané contra mí misma.

Claro…bueno, tal vez esté siendo super egoísta…pero es la verdad, no quiero mentir.

Ni mentirle, ni mentirme a mí misma.

.- Extra del posteo -.

Pequeña anécdota de esos momentos de felicidad muy boluda pero que se recuerdan para siempre

5am.

Día de semana. Mi cabin.

Me levanto, pongo el caloventor para poder sacarme la ropa de dormir y ponerme la ropa del laburo (el peor momento de la mañana).

Pongo música.

No es que sea una vieja conchuda, pero resulta que la noche anterior, los tanos vecinos (como no trabajaban al día siguiente) estaban de fiesta, y la verdad que las paredes de las cabin son de papel y su fiesta estaba prácticamente en mi cabin. Sí, era viernes a la noche…pero…pero…yo trabajaba el sábado…PICKEANDO BRÓCOLI LOCO…déjenme dormir.

Fue así que, el sábado a las 5am…puse mi música para cambiarme y motivarme a salir a pickear…que siempre pongo, pero, sí, la puse un toque más fuerte porque…bueno…me tenía que vengar.

Sí, una vieja conchuda, lo sé.

En fin…pongo la música, me cambio, y cuando estoy terminando, escucho que golpean la puerta de la cabin. Me dirijo a ver quién es esperando encontrarme con los tanos con cara de orto y tener que pedirles perdón, pero cuando abro…me encuentro con él:

Yo: *cara de no entender nada* *se saca una lagaña* ¿Hola?

Él: Hola! How are you?

Yo: Good, and you?

Él: * con la mano derecha extiende un pan dulce casero* I brought you this for your breakfast.

Yo: *mira el pan que larga humito* *lo mira a él* *vuelve a mirar el pan* *lo agarra, el aroma a pan casero la knockea*

Él: You should eat it now, it’s still warm.

Yo: *sigue mirando el pan*

Él: …

Yo: …

Él: …

Yo: You made it?

Él: Yes, yesterday, but I put it in the fridge so I could bring it to you now.

*suena la pava eléctrica que me avisa que el agua para mi café ya está hecha*

Yo:

Él: Ok…I have to g—

Yo: *se le tira encima mientras todas las Angies se regocijan satisfechas de haberse dejado ser y gracias a eso, estar ligando un pan casero a las 5 am antes de tener que irse al medio del campo a romperse las articulaciones*

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Comentaridijillos

  1 comment for “La Entrega – Sintiéndome

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