Todo lo que puede pasar si usás Badoo

Badoo

Una de las tantas preguntas que me llegan por mail y mensajes (y que la verdad me incomodan porque, ¿qué te importa? (?) no mentira) es si no me “aburro” estando tanto sola. Si conozco gente, cómo hago en lugares que no hay nadie excepto yo y la señora que atiende la única despensa del pueblo.

La realidad es que sí, muchas veces estoy más sola que Angie viajando en Siberia, pero otras, pues me las ingenio.

Soy de las personas que disfrutan mucho la mística de llegar a un lugar desconocido y “perderse”. A veces fantaseo con la época en que no había internet y realmente estabas “perdido”. Pero al mismo tiempo, también soy parte de esta ola masiva de globalización que si no está conectada, sufre.

Hoy en día, tenemos apps para todo y una de las que más uso (luego de los mapas, claro está) son las que me conectan con gente que está en la misma que yo: viajando queriendo hacerse el perdido místico pero al mismo tiempo desesperado por conocer otros viajeros.

Estando de viaje lo que más busco es gente con la que hablar de viajes.

Ahora le dicen “hablar de viajes”. No, en serio, malpensados. PERO… una cosa no quita la otra, y ya que buscamos, buscamos de todo.

¿Estoy privándome de la magia de conocer a alguien muy casual y maravillosamente en un supermercado, cuando se me cae el paquete de fideos y me agacho a recogerlo y me golpeo la frente con un pibe que se agachó a ayudarme y nos miramos, el tiempo se detiene, vuelan mariposas, sus ojos brillan y yo me pongo toda colorada mientras me quedo sin palabras y sonrío estúpidamente? Pues lo lamento, esas cosas nunca me pasan, y la que tiene que estar 5 meses sola soy yo y no me la banco. Una vez pasaron 9 meses, fue horrible. Tuve un embarazo de celibato (?).

Pero en fin, no voy a negar que en un principio estaba bastante negada, porque también soy de la generación que nació sin internet y en el fondo tenía el prejuicio de “si estoy buscando gente online, la estoy fracasando feo”, pero un día, en el hostel en el que trabajaba en Seúl, Corea del Sur, mi manager me dijo “Mirá lo que me acabo de bajar, está buenísimo”. Se había bajado Badoo. Me reí superada, le dije “jaja ni en pedo” y a penas lo perdí de vista, claramente me la bajé para ver de qué trataba la dating app más grande del mundo que sobrepasa los 360 millones de usuarios.

Badoo

Empecé con el típico “me gusta” y “no me gusta” para ver si hacía algún match pero en realidad, antes de ponerme a buscar en serio, estuve un rato largo en una opción de la app que te permite buscar clones… OBVIAMENTE me busqué todos los clones habidos y por haber de Johnny Depp. Ni hablar que no hice match con ninguno pero bueno. MALDITOS JOHNNYS, QUÉ SE CREEN.

Finalmente, ya buscando en serio porque llegaba la noche y todo bien pero no quería pasar otro día en el hostel viendo como todos salían con alguien menos yo, miré en Gente Cerca a ver si había algún latino. De repente, me aparece un argentino cuya descripción de perfil era muy similar a la mía: vivan los viajes, la birra y la escritura. Liiiisto, no lo dudé ni dos segundos y le di like. El match llegó instantáneo (bueeenaaa capaaaa).

Badoo

Empezamos a hablar y chat va, audio viene, nos terminamos encontrando en lo que era su “lugar favorito de la ciudad”.

Cuestión, todo muy genial, me reí mucho y disfruté la compañía latina que tanto extrañaba. Se hizo de noche y el pibe me invitó al departamento donde vivía (era un estudiante de post grado de marketing, hablaba coreano y todo, una masa) y obviamente accedí.

Llegamos, el muchacho abre la puerta, yo entro atrás de él y lo primero que noto es que tenía paredes rojas iluminadas con lucecitas de colores tipo navideñas y justo en la pared que daba de cara a la puerta, había colgado un televisor plasma de muchas pulgadas. El chico lo prende y en pantalla aparece un video de alguna banda de reggaeton que yo no conocía, pero los muchachos del video estaban muy aceitados y muy en cuero (?) bailando como si no hubiese un mañana, acompañados de latinas exuberantes perreándola a morir.

Cuestión yo… nada… pensé, bueno, en algo teníamos que disentir (no porque en una fiesta no me ponga re pum pa arriba y termine bailando reggaeton sobre una mesa mientras mis caderas no mienten), pero no escucharía reggaeton como música de fondo.

En fin, veo que pone el video, yo me dispongo a cerrar la puerta y dejar mi campera sobre una silla que justo tenía al lado. Mientras voy a cerrar la puerta noto por el rabillo de mi ojo unos movimientos muy extraños, me giro sobre mi eje y veo que el pibe estaba bailando más excitado que todos los reggaetoneros del video juntos empezando una especie de stripptease.

No solo estaba meneando muy entusiasmado, sino que mientras lo hacía no dejaba de hacer contacto visual conmigo y había empezado a sacarse la remera.

A lo cual, yo, ahí sola, paradita con mi campera aún en la mano no sabía si era un chiste y reírme, si había otra gente en el dpto y era una joda conjunta o si había cámaras filmando esperando ver mi reacción de no entender qué carajo pasaba.

El flaco flasheó striptease reggaetonero aceitoso con una mina que acababa de conocer. Y no solo eso, sino que, en un contexto totalmente inesperado. Nos habíamos cagado de risa, pero hablando de viajes, y todo muy hippie y literario. El striptease no encajaba por ningún lado.

Fueron de los segundos más largos de toda mi vida plagados de una interminable sucesión de pensamientos al estilo: AY LA PUTA MADRE POR QUÉ SIEMPRE A MÍ, ¿aprovecho que no cerré la puerta y salgo corriendo? ¿me siento en la silla, saco la billetera y le tiro unos billetes mientras grito WOOOOO MUEVA MUEVA MUEVA?

Después de unos segundos parada sin moverme, concluí que la mejor opción era ponerme a bailar también a lo latina aceitada y apurar los trámites porque todo bien con el baile pero la vergüenza ajena y la incomodidad eran insoportables.

Ahora que ya pasó, fue uno de los grandes momentos de mi vida. Y aunque el amor no surgió entre nosotros, fue una de mis grandes amistades durante mi estadía en Corea. Y sí, lo admito, varias noches terminé bailando reggaetón con el muchacho en uno de los latin bars de Seúl. 

No es que me niegue a las historias de amor típicas, ¿pero no son este tipo de genialidades lo que hacen la vida interesante? Igual, perdón, me retracto. Sí, me re niego a las historias románticas comunes, yo quiero buenas anécdotas y gente interesante que se ponga a menear dándolo todo en la primera cita.

Dejando al stripper de lado (apodo con el que se lo conoce desde ese momento entre mi grupo de amigas) Badoome sirvió mucho para conocer gente local.

Ahora le dicen “conocer gente local”.

BASTA MALPENSADOS.

La próxima que estén viajando solos y quieran conocer gente, ya saben qué bajarse.

 

 

Este es un post patrocinado, esto significa que he recibido uno o más productos o servicios mencionados en este artículo de manera gratuita o una compensación económica por mencionar la marca en este artículo. Si existen, mis opiniones son independientes y están basadas en mi percepción real sobre el producto o servicio.

Comments

Comentaridijillos

  2 comments for “Todo lo que puede pasar si usás Badoo

  1. Natalia
    November 7, 2017 at 9:39 am

    Qué manera de reírme con este post! jaja “Titín, la de las caderas que no mienten” jajajaj

    Te leo desde que tu blog no estaba así de tuneado, primera vez que te comento.
    Abrazo!

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