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Día 1 – El Brown Power

Hola gentee…llueve…no trabajo…así que aprovecho para darle comienzo a algo que tenía en mente hace rato pero con los últimos cambios nunca tenía tiempo. Se trata del “Desafío Creativo“, perteneciente a Maga, quien lo definió como “una dinámica por la cual durante 30 días seguidos hacemos que algo se repita. Pueden ser 30 fotografías, 30 entradas en tu blog, 30 recetas, 30 diseños diferentes, 30 canciones, 30 bailes (¿por qué no?), lo que más te guste. Tienes que usar tu creatividad (¡pero verás que crece conforme pasan los días!) y aprender de la constancia”. Así que bueno, para no autodejarme “colgar” decidí arrancarlo de una vez y ver que sale. Lo hago más por mí que otra cosa pero obviamente que están invitadísimos a acompañarme (si no, hay tabla). Bueno, basta de cháchara…

Día Uno – El Brown Power

En los 13 meses que llevo de viaje aprendí demasiadas cosas, pero más que nada sobre mí misma. Porque es un viaje, un alto viaje, literal y metafórico. Volé miles de kilómetros para llegar y también mi cabeza viajó y se expandió a un nivel incomprensible.

Vieron cuando uno se describe a sí mismo, “yo soy de los que tal cosa”, “a mí me va tal otra”, bueno la Angie de hace un poquito más de un año y la Angie de ahora están a una distancia que un año atrás hubiese creído imposible. No es una distancia irreconciliable. Es una distancia “conciliable”, una distancia que la nueva Angie acepta, entiende y disfruta.

Muchas cosas que siempre creí que era, ahora me doy cuenta que nada que ver. Muchos “a mí me gusta/yo prefiero” hoy me los tengo que meter en el culo super parado y firme que tengo (éste es un cambio que aún festejo).

Tengo muchísimo material para hablar sobre mí, sobre lo que era, sobre lo que pensaba que era, sobre lo que soy ahora, sobre lo que realmente siento pero hoy le voy a dedicar este espacio (?) a mí última revelación. Una revelación que tuve hace exactamente 7 días. Para algunos podrá resultar una pavada, pero a mí me sorprendió. Y me sorprendió para bien y me amigué con esa parte mía.

Resulta que siempre fui re independiente. Lo sigo siendo. Siempre me gustó mi espacio. Me gusta y disfruto mucho estar sola. Con mis cosas. Por eso siempre si salía el tema yo me autodefinía como “europea”, porque siempre andan solos. Como que están todo el tiempo en la suya. Obviamente que en Argentina me juntaba con mis amigos y demás pero también había días que prefería estar sola y no todo el tiempo hacer cosas “en masa”.

Una vez en Nueva Zelanda, siempre terminamos en laburos o casas con europeos y asiáticos pero casi nunca con latinos. Por un lado vino bien por el tema de que siempre teníamos que hablar en inglés. Pero de a poco empecé a extrañar algo que no sabía bien qué era. Y que después de 13 meses pude darme cuenta.

Hace una semana exactamente llegábamos a Christchurch y terminábamos en una casa con 7 argentinos. Primera vez en Nueva Zelanda que vivo con argentinos (bueno en Blenheim también había un argentino pero sólo fue por dos semanas y también había europeos). Primera vez que vivo con todos argentinos, encima tucumanos, entrerrianos…jamás en la vida me había cruzado con gente ni de Tucumán ni Entre Ríos. El año pasado había vivido con tres uruguayos pero en el mismo lugar había 7 europeos así como que no cuenta mucho. Pero en fin, el martes llegamos a la casa y desde el primer minuto fuimos uno mas. Desde el principio estaba todo bien. Desde el principio el sentimiento de “nos conocemos de toda la vida”.

Y ahí entendí qué extrañaba. Extrañaba la confianza, el saludar con un beso y abrazo. Una pelotudés pero no me di cuenta lo que lo extrañaba hasta ahora. En los trabajos me crucé con chilenos y también, de entrada era como si nos conociéramos de toda la vida. Nada de primeros días de “respeto” como me pasaba con los europeos. Desde el primer segundo somos hermanos y amigos de toda la vida. Y hoy me doy cuenta que prefiero eso. O sea, sigo queriendo estar sola por momentos. Pero llegar a casa del laburo y sentir la confianza de que siempre esté todo bien no la cambio por nada.

Hoy le digo a esa Angie que se hacía la british, que en realidad le encanta la “hermandad latina” (ahora le dicen “se hacía” la british…re que en mi perfil de facebook tengo una foto con Noel Gallagher y mi cover picture es una lata de Oasis con la bandera de Gran Bretaña…pero en fin jaja). El compañerismo y el calor entre nosotros. Obviamente hay excepciones. Pero hablo en general. Y sigo siendo british en muchas cosas, en muchos gustos pero en la convivencia, prefiero vivir con latinos. Y si bien sigo queriendo estar sola por momentos, sé que si me pinta estar acompañada va a haber un grupo de gente con el que charlar y estar, por el simple hecho de estar en grupo. Es hermoso.

Eso que tanto escuchamos de que somos todos hermanos es verdad ¿en qué otro lugar del mundo pasa? En ninguno. Los latinos nos queremos de entrada. Nos buscamos. Y es genial.

De hecho, ahora me acaba de venir un recuerdo de cuando estaba en Motueka, hace casi un año. Era un sábado y estábamos de fiesta, no me acuerdo por qué motivo (ni que necesitáramos un motivo, pero bueno). Cuestión, estábamos charlando y todo terminó en un debate sobre el racismo. Yo ya con bastantes copas encima terminé parada arriba de una silla gritando I’M BROWN AND I’M PROUD, GO BROWN POWER…se ve que desde ese momento que ya tenía un orgullo latino pero sobria no lo quería admitir (?).

Ojo, me encanta charlar con europeos, asiáticos, aprendí muchísimo pero si me dan a elegir, por lo menos para vivir, prefiero el calor latino. No hay nada más lindo que saber que me voy a poder sentir “como en casa” en todo un continente.

Bueno a partir de hoy doy por comenzado este Desafío creativo. Más que nada para obligarme a escribir. Espero que lo disfruten y si no, no importa…AL CABO QUE NI QUERÍA (?). Mentira. Los quiero.

Angie!

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