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Ya no quiero ser feliz

A lo largo de mi vida, la “felicidad” fue tomando distintas formas. Las mentes tradicionalistas decían (siguen diciendo, bah), que la felicidad es algo que “se alcanza”. Y no solo eso, sino que debe ser el fin mayor de tu vida. Si no sos/fuiste feliz, hiciste todo mal. O no entendiste cómo vivir.

Ojo, que tenemos esa anécdota de Lennon que cuando estaba en la escuela la maestra le preguntó qué quería ser cuando fuera grande y él dijo “feliz” y la maestra le respondió que no había entendido la pregunta. Y él, yo me lo imagino todo gansta, música de meme “tananana nanáaa nanáa” mientras los lentes negros le caen perfectamente sobre los ojos, le dijo: “vos no entendiste la vida… BITCH!”. ¿No? Algo así es la anécdota.

Tenemos eso por un lado. Por el otro, tenemos 239408239 películas que dicen que “la felicidad” se busca.

Después, aparecieron las corrientes más actuales que nos dicen que “la felicidad es el camino, y no la meta“. ¡Si habré dicho eso yo mil veces! Mientras sonaba Avicci de fondo, obvio…

SO WAKE ME UP WHEN IS ALL OVER, vamo’ todo’

*agita la manito, subida a los hombros de un vikingo escandinavo del siglo 21 en la Tomorrowland *

WHEN I’M WISER AND I’M OLDERRRRR.

Si tengo tengo que elegir una de esas dos opiniones, me quedo con la última, obvio. Pero… PERO… los viajes y los auto-descubrimientos me pasaron por encima y ahora entendí que yo, en realidad, no quería ser “feliz”.

Y creo que vos tampoco.

¿Me puse vieja y ortiva? Sí

*voz decrépita mientras revolea el bastón desde su silla mecedora*

No, mentira.

¿Entonces?

¿Se me volaron los pocos patos que tenía en zig zag y me pegué alto viaje místico? Puede ser.

Antes que nada, big disclaimer: la única droga que se consumió para semejante teoría filosófica, fue viajar. Ningún otro estupefaciente fue utilizado. Toda locura/incongruencia/demases que se encuentren por aquí viene de fábrica.

siendo momentáneamente feliz porque había galleta de arroz con mermelada para el desayuno después de caminar 10km en el Camino de Santiago

Todo empezó dándome cuenta que además de ser muy “feliz” por momentos, a lo largo de los meses, años, también transitaba muchas depresiones, tristezas, falta de sentido. Además de creer que la felicidad era algo que se alcanzaba, también me había creído que una vez alcanzada, ya estaba. Que a partir de ese momento y como por arte de magia, iba a ser feliz la mayoría del tiempo. O, por lo menos, que las bajadas anímicas causadas por circunstancia externas no iban a ser tan terribles (independientemente de la magnitud de lo que hubiese causado dicho molestar). En el fondo había asumido que crecer como persona, significaba estar más cerca de ese estado de “felicidad” que se suponía que debía ser constante.

Ergo, entre tristezas y enojos, empecé a cuestionarme la existencia en general. La mía. Porque una siempre cree que el problema lo tiene una ¿no? Y así di vueltas sintiéndome desencajada, desagradecida por las buenas cosas que tenía, y sobre todo fallada por no poder “mantenerme feliz”.

Fue con el tiempo, los viajes y más lecturas y estudios, que me di cuenta que el problema en realidad estaba en el concepto social de “felicidad”.

POR PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA DE MI VIDA EL PROBLEMA NO ERA YO (?)

Entonces, paren, vamos por parte.

Primero y principal, gracias a mis estudios recientes en neurociencia (procedo a dejar mi certificado aquí abajo porque me hace re proud)…

terminé de entender algo que venía sospechando: la felicidad, podríamos decir esa sensación de alegría, es una emoción. ¿Y qué son las emociones? Detectores de relevancia, respuestas químicas y neuronales hechas para nuestra supervivencia. Toda emoción es (tiene que ser) pasajera. Cualquier emoción que persiste en el tiempo y en el cuerpo, se vuelve desadaptativa. Cuando las emociones son inflexibles, aumentan su intensidad y se sostienen por un período prolongado de tiempo, causan problemas en el cuerpo. No es normal. Esto lo tenemos muy presente por el estrés ¿no? Todo bien con el estrés momentáneo, PERO NO PUEDE SER CRÓNICO PORQUE MAMITA QUERIDA. Bueno… es lo mismo con la felicidad. Que sea crónica es un problema.

¿Pasa? Sí, pero lleven a ese ser feliz 24/7 al médico porque probablemente esté psicótico.

Conclusión 1: no se puede (ni se debe) estar “feliz” todo el tiempo.

Luego de quedarme tranquila entendiendo eso, sacándome el peso social de “buscar ser feliz para siempre”, me puse a pensar en lo que quiero para mi vida. Y yendo para atrás, recordando esos momentos que más disfruté o que lloré de emoción, me di cuenta que podía describirlos como sensación de “plenitud”, de calma total. No era la alegría intensa frenética de sacar una buena nota en un parcial. Mis momentos más “trascendentales”, que más marcaron mi existencia, estuvieron marcados por sensación de plenitud. De sentir “si me muero ahora, está todo bien”.

Los momentos que vuelvo a recordar en mi cabeza y me hacen sentir bien (y bien es “calmada”, sonriente, en paz, alegre, sí, pero tranquila), los de mayor aprendizaje, los experimenté animándome a vivir. No eran logros concretos con fecha de inicio y de final, ni un triunfo propio, eran más bien la experiencia entera, y que probablemente involucraba a más personas.

Acá viene lo terrible de toda esta conclusión: me hizo sentir sola. Otra vez, me hizo sentir desencajada. Otra vez la rara, la que nunca puede adaptarse a los condicionamientos sociales. La que siempre va en contra mano… COMO ROSALÍA

Si al final, el tiempo me había demostrado que no había sido “loca” por haber querido vivir viajando, sino que en ese momento no me había rodeado de la gente que pensara igual, ¿podría ser que ahora pasara lo mismo? Decidí escribir una reflexión sobre esto en Instagram y por suerte encontré gente que se sintió identificada.

Y no solo eso, sino que encima, una semana después me crucé con el libro de otra viajera que supo escribir esta sensación mejor que yo:

“Decir que he sido feliz en este viaje no sería exacto; ha habido buenos ratos y otros muy duros (…). Durante siete meses he tenido la satisfacción de elegir mi pasos, de vivir como quiero vivir, que me interesa mucho más que ser feliz”.

– Miriam García Pascual – Bájame una estrella.

Conclusión 2:

A cualquier persona que esté transitando las mismas cuestiones, que a veces se frustre por no poder “ser feliz” todo el tiempo, te recuerdo que “alcanzar LA FELICIDAAHHH” también es una imposición social.

Que lo que importa es aprender a convivir con lo bueno y lo malo de nuestra existencia, porque las cosas malas van a seguir pasando. Que lo que importa es hacer siempre lo que sentís, lo que te deje en paz. Que al final del día todas las decisiones hayan sido propias, desde tus entrañas. Que puedas decir que fuiste congruente entre lo que hiciste, pensaste y dijiste. Que hayas sido consecuente con vos mism@.

Que hayas vivido como quisiste. Que hayas aprendido, experimentado. Que te hayas reído de tus equivocaciones, porque por lo menos te animaste.

En vez de preocuparte por encontrar la felicidad, ocupate de vivir, nada más.

Angie

6 Comentarios

  • Irina

    Wow Angie, 😍 Que bello lo que escribiste. Me encantaron tus reflexiones y me dejaron pensando mucho acerca de los condicionamientos de ser feliz si o si, y si no lo eres, no lo has logrado o no te mantienes algo estás haciendo mal, y entonces viene la contraparte en donde comienzo a juzgar y a reflexionar sobre que esta pasando en mi, que estoy haciendo mal y a veces eso me lleva a la tristeza y ¡claro! otra vez vuelvo a fallar. ¡¡Y Nooooo!! Lo único que esta pasando es la vida, así con sus sube y baja de emociones. Gracias Angie por recordarmelo 😍😍😍 Abrazos fuertes

  • Malena

    Angie! soy viajera, viajo sola, y este año experimente todas las emociones juntas, culpamos al retorno de saturno a los 27? jjajajjaja. Este artículo describe so far mi 2022 y mi vida entera… en varias ocasiones de mis andanzas por Europa y Sudamérica me sentí plena. He llegado a llorar de risa, de meoción y de tristeza en un mismo día. Viajar sola, para mí, fue viajar internamente para conocerme… ufff, que dificil ese viaje, es el viaje del que nadie habla y muy pocos ven! Gracias por tus palabras, tus libros, tus experiencias compartidas! 🙂 Una viajera admiradora que muere por compartir un mate con vos 🙂

    • Isa Kostik

      Hola Angie.
      Me encanta el final “Ocúpate de vivir” jeje y menos pre-ocuparse. Ser cada vez más coherentes con nosotras mismas y por ello consecuentes.
      Me gusta cómo expresas este tema que llevo ya un tiempo rumiando y rumiando en mis pensares.
      Gracias por compartir.
      Abrazos!

  • Laura

    Esta no es la primera vez que me pasa que leo algo tuyo y me cae como abrazo al corazón!! Justo ayer tuve una crisis, y lo que mas me cuestionaba era: Soy feliz?, y se aumentaba mi frustración porque la respuesta fue: no, aquí no soy feliz…..”Que lo que importa es aprender a convivir con lo bueno y lo malo de nuestra existencia, porque las cosas malas van a seguir pasando”…
    Angie leerte me llena mucho el corazón. Gracias por esto💜💜

  • Eva

    Muy interesante artículo, es verdad que al final es una cuestión de concepto. Creo que confundimos el bienestar con felicidad. Y entonces la felicidad será algo a perseguir y una vez conseguido entrará el miedo a perderlo. Creeremos que es algo que depende de los demás y de lo externo .¿Y si resulta que ya somos felices, que nadamos en felicidad y que es una cuestión de enfoque? En un plano en el que todo es cambio, nos resistimos a él y vivimos con una sensación de pérdida constante. El miedo a perder esa supuesta felicidad es la que nos paraliza, por eso el viaje nos moviliza y nos cuenta una y otra vez que yo vine a este mundo a ser feliz, a disfrutar de todo lo que contiene y que sólo se trata de mirar hacia dentro y maravillarme.

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